20 Ago Humanizando al Rock
Desde que la música es música nuestros ídolos se vuelven tan inalcanzables como los vemos en el póster. Ellos y puntualmente las pirañas de marketing meticulosamente crearon una imagen, un estilo particular e intentan reducir todo lo que los acerque al ser humano promedio. Es ahí donde nosotros entramos en juego.
La idea es desnudar y mostrar al artista como cualquier hijo de vecino, contando cosas de su vida que lo bajen del pedestal de gases en el que cree que vive. Sin más, aquí dos ejemplos.
Las exigencias de Lemmy

El camarín de Motorhead siempre tenía que estar bien provisto de cerveza, whisky, champán francés y tabaco rubio, así como chocolate, papas fritas, quesos, huevos duros y frutas. También exigían 70 toallas que no soltaran pelusa y ocho pizzas grandes para después del concierto.

En lo que respecta puntualmente a Lemmy, él pedía un coche de lujo estacionado en la puerta del hotel para ser utilizado a cualquier hora, una botella de oxígeno portátil y lo más importante, 6 huevos de chocolate (lo de la marca premium que vienen con sorpresa) pero éstos tenían que ser comprados de forma individual y no en paquete, para que hubiera más posibilidades de que el juguete del interior no saliera repetido.
Crudo y salvaje como el golf

Uno de los miembros más enigmáticos del grupo Cannibal Corpse fue Bob Rusay. Tras 4 años en la banda como guitarrista, Rusay fue despedido en 1993 y reemplazado por Bob Barrett. Tras abandonar el grupo nunca más se supo de él, hasta que en el 2002, un fan que navegaba por internet descubrió su gran secreto. El guitarrista de uno de los grupos más extremos de toda la historia se había convertido en profesor de golf.
La ficha personal del músico en la Federación de Maestros de Golf de Estados Unidos dice lo siguiente:”Mi historia con el golf comenzó cuando era niño, pero cuando estaba en la secundaria el golf estaba lejos de mi mente. Había descubierto la música y el poder y la euforia de la actuación en directo. Tras graduarme firmé con un importante sello discográfico. Tres años después habíamos grabado tres discos e ir varias veces de gira por Europa, Estados Unidos, México y Canadá. Ahí frené, dejé la banda. Me dispuse a enseñarle al mundo las bondades del golf. Asi que aquí estoy haciendo una vida cómoda, amando lo que hago y muy agradecido.”
Escribe: Agustín Baccá.
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